Arboles en diseño

La importancia de conocer nuestros árboles

Los árboles forman parte de nuestra vida cotidiana como permanentes vecinos pero les hacemos la vida imposible.

No solo provocamos daños generados por la contaminación, golpes voluntarios o involuntarios, vandalismo … no … les provocamos molestias desde el primer día que inician la convivencia en nuestras calles.

Los utilizamos para demarcar límites, generar barreras visuales, establecer zonas de sombra, embellecer parques y jardines … pero escasas veces analizamos en profundidad si realmente se pueden ubicar en el lugar elegido.

No solemos valorar el entorno donde se ubicarán y, por tanto, desconocemos sus reacciones ante el tipo de suelo que tenemos: el clima de nuestra zona, la polución existente, la cercanía al mar … y otros tantos factores no considerados para conocer si nuestro vecino tendrá garantías para lograr los fines que le han sido encomendados.

En esa convivencia, que perdurará en el tiempo, tampoco le hacemos una vida fácil. Tras ubicarlo, más o menos acertadamente,  le reducimos su espacio vital estableciendo unos alcorques que apenas dejan espacio para que sus raíces reciban  una adecuada enmienda, fertilización, riego … si nos damos cuenta, en la mayoría de las ciudades tenemos árboles que sobreviven de manera inexplicable pues las únicas atenciones que reciben son las de una poda destinada a no molestar a los vecinos.

Hagamos una pequeña reflexión: nuestro vecino ha estado viviendo en un espacio abierto y en condiciones adecuadas para su crecimiento y, de pronto, lo trasladan a un suelo transformado y degradado, con numerosos materiales procedentes de escombro, muy compactados, con una cercanía de todo tipo de conducciones (gas, agua, electricidad, teléfono, saneamiento …) … ¿Crecerá adecuadamente? ¿Cumplirá la misión encomendada?

La respuesta es clara: NO.

Pero nuestro vecino lo intentará a pesar de que, en numerosas ocasiones, lo han plantado erróneamente.

Quizás hayan valorado adecuadamente sus requerimientos bioclimáticos pero ¿han valorado el volumen que puede alcanzar su copa? ¿han valorado si tiene hoja caduca o perenne o si tiene semillas tóxicas? ¿Han valorado si puede provocar brotes de alergia debido a un volumen elevado de polen?. Estas son algunas de las numerosas preguntas que debemos plantearnos cuando elegimos un árbol pero también podemos hacernos otras: ¿Han valorado si es una madera quebradiza o frágil? ¿Han valorado la coloración del follaje a lo largo de las estaciones?

Imaginemos, cosa nada extraña, la utilización de Olivos como árbol ornamental en nuestras ciudades … ¿se ha valorado los sobradamente conocidos problemas de alergias que generan?

Imaginemos, cosa nada extraña, la utilización de Plátanos como árbol de alineación en nuestras calles … ¿se ha valorado que en escasos años sus raíces causarán importantes daños debido a su engrosamiento?

La respuesta es clara: NO.

Y su cuidado en el tiempo … otro de los factores a considerar pues los árboles también enferman y, pocas veces, son tratados adecuadamente. Es necesario establecer programas de prevención y seguimiento de posibles plagas y enfermedades. Enfermedades como la grafiosis, el oidio blanco y antracnosis forman parte de las graves enfermedades que asolan a nuestros árboles en las ciudades … pero solo nos damos cuenta que nuestros vecinos están enfermos cuando están en un camino sin retorno.

¿Y cual es la respuesta a esta situación?

La poda. Han sido numerosos los casos en donde la poda se utiliza como “santo remedio” contra las enfermedades de nuestros árboles. Es como si pensáramos que la “amputación” de las ramas evitasen problemas mayores … y ahí seguimos equivocándonos.

La poda debe ser una labor para evitar ramas que ofrezcan peligro, cuando hay que rejuvenecer un árbol viejo, recortar un poco las ramas … pero seguimos empeñados en realizar podas cada 3-4 años. Volvemos a trasladar al árbol nuestra ignorancia.

Si elegimos adecuadamente un árbol deberíamos haber valorado su crecimiento y, con ello, reducir las labores de poda. Debemos amoldar nuestras necesidades al árbol y no al contrario.

Y si fuésemos capaces de realizar una elección correcta no solo estaríamos ofreciendo a nuestro vecino un lugar con calidad de vida , estaríamos mirando para nuestro bolsillo pues minimizaríamos los gastos en labores de mantenimiento.

 

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